jueves, 4 de abril de 2013



                          



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                                                                                                                                             (*) Profesor




En la primera parte de este artículo entre otras cosas planteé el origen etimológico del término verdad, así como también algunas opiniones y expresiones que creí pertinente señalar para llegar a una aproximación de definición y comprensión de dicha palabra. Retomo algunas de las “frases” o pensamientos allí presentados los cuales considero muy significativo para la reflexión que me propongo con la redacción de este artículo. 



Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano expresó:” La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”. Al respecto se puede señalar que la mentira, la hipocresía, el engaño,… son la contraparte de la verdad, la honestidad y la confianza. Esto indudablemente no es bueno, pero también es malo callar, hacerse el ciego, sordo, el loco, el turista, el paralítico,… para no hacer nada por defender la verdad y la justicia. Reza el dicho popular: “el que calla otorga”, es decir, se hace cómplice y por lo tanto sujeto también de culpa. Muchos de nosotros bien sea por miedo, cobardía, comodidad o para evitar comprometernos no anunciamos, ni defendemos, ni denunciamos las injusticias que se cometen a diario en todos los ámbitos que frecuentamos, llámese hogar, trabajo, escuela, iglesia,… y el que calla ante las injusticias deshonra a la verdad. 



Platón (427 AC-347 AC) Filósofo griego reiteraba: “Hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad” y Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador de la India dijo: “La verdad es dura como un diamante y delicada como flor de melocotonero”. ¡Pero cómo cuesta decir la verdad! Esto es comprensible por cuanto al decirla levantamos ronchas, producimos heridas, ofendemos, cuestionamos, ocasionamos iras y rencores, promovemos venganzas y sumamos enemigos o contrarios. Por todo ello, cualquier persona, indistintamente quien sea sin importar la formación o preparación que tenga, el rol que desempeñe, el puesto que ocupemos y la responsabilidad que ejerzamos, incurrimos en acciones de injusticias (difamación, acusaciones, ofensas, intolerancias, desprecios, irrespeto, discriminaciones,…) que nos convierten en auténticos hipócritas, destructores y transgresores de la verdad. Muchos anuncian verdades con sus palabras pero se contradicen con sus gestos, acciones y hechos. 



Samuel Johnson (1709-1784) Escritor inglés indicaba: “Para poder enseñar a todos los hombres a decir la verdad, es preciso que aprendan a oírla”. Pero lo cierto es que muchos desde pequeños aprenden de sus padres todo lo contrario al oírlos que mienten, al ser ordenados que mientan cuando llega alguien y les indican que digan que no están en casa, o están durmiendo,… sin ser verdad. También se enseña a ser mentiroso, a ser incrédulo, desconfiado,… cuando se culpabiliza, acusa o señala a otro para librarse de responsabilidades que le son propias. Sobre el particular trato por todos los medios de no hacer nada para cuidar mis espaldas si con esto no soluciono un problema, porque también con esta actitud se es hipócrita. 



Ramón de Campoamor (1817-1901) Poeta español dijo: “Y es que en este mundo traidor, no hay verdad ni mentira: todo es según el cristal con que se mira”. Es cierto. Lo que para mí puede ser verdad, para otro es mentira. Aquí juega papel importante la cultura, la educación, las tradiciones, las creencias, los marcos de referencias, los puntos de vistas,… Lo cierto es que la verdad te pertenece sólo a ti y nadie más que a ti. Podemos ejecutar ciertas acciones y hechos, jurar, prometer, aparentar actitudes, hacer creer cosas,… y no ser sinceros. Pero sólo tú sabes cuál es tu verdadera realidad con respecto de la verdad. Por eso San Agustín (354-430) Obispo y filósofo aconsejaba: “No vayas fuera, vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad”. Y sólo así podrás seguir el recto sendero, el camino adecuado, la ruta cierta hacia la auténtica verdad que es Dios.

  Efraín Díaz (*)
díazfrin59@hotmail.com


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